¿Y los cordones qué?

Posiblemente no haya elemento más infravalorado y, a la vez determinante, que los cordones. Es ese elemento de las zapatillas al que muchos no les hacemos el debido caso. Sin embargo, su importancia en el impacto visual general de la zapatilla es total. ¿Cuantas veces no nos ha pasado que un modelo cambia totalmente el feeling en función del color de los cordones? Aunque su utilidad es principalmente técnica y funcional, su trascendencia en lo visual pesa mucho más de lo que creemos.

Sin embargo, la importancia de los cordones no es nueva. Ya en los 80, ante la eclosión del hiphop y con el breakdance como centro conceptual, el uso de este ítem era determinante, ya que servía para darle vida a las zapatillas y como un método de autoafirmación. Cuanto más anchos y coloridos fuera, mucho mejor. O, como demostró la irrupción de RUN DMC y su himno My Adidas, la importancia de los cordones podía ser por exceso o por defecto. Y es que la aparición en escena de RUN DMC con las Superstars sin cordones supone otro mito del mundo sneaker. ¿El motivo? Una especie de homenaje a todos los presos, ya que no podían llevar cordones por protocolos internos de prisión para evitar suicidios.

Sin embargo, en el momento actual y en el caso concreto de España, los cordones ya no son ni un fenómeno, ni un medio para transmitir un mensaje. Es una parte más de la zapatilla a la que, en muchos casos y ocasiones, no les prestamos la debida atención.

Sirva esto, por tanto, para hacer un alegato a los cordones de nuestras sneakers. Normalmente, cuando los medios de zapatillas (como éste) hacen revisiones o repasan el diseño de un modelo, se suele hacer referencia a los materiales, a las combinaciones de colores, los patrones o entramados que presenten… Nunca a los cordones. Seguramente por ser, en primer lugar, una de las pocas partes de las zapatillas –por no decir la única- que puede ser reemplazado por el usuario sin necesidad de una intervención costosa o manual. Los tratamos como si estuviesen ahí por estar, cumpliendo una mera función.

Sin embargo, su impacto es total. El grosos, el color o el lazado varían la percepción que tenemos del estilo del modelo. Hace dos décadas, el diseño de las zapatillas recaía en los hombros de una sola persona. Ahora, sin embargo, hay equipos completos que se dedican en exclusiva a una sola responsabilidades: colores, materiales… Todo tiene su porqué, su explicación y su razón de ser.

Imagen via Sneakernews.

Por ello, que las zapatillas vengan con un cordón determinado (y, en ocasiones, con otro opcional) no es baladí. Forman parte de un conjunto, de una impresión generalizada, y como tal debemos respetarlos.

En la actualidad, con el boom de las zapatillas a nivel mediático, todo lo que tiene que ver con esta escena se potencia y han ido apareciendo diversas marcas de cordones que van añadiendo colorido y opciones extra. Esto ha encontrado en una tipología de consumidor determinado (el que busca exclusividad accesible y que prima la diferenciación estética por encima del concepto estilístico, vamos, el que quiere las zapatillas lo más distintas posibles y sin esfuerzo) un campo de cultivo para desarrollarse.

Me gusta pensar en los cordones como algo más que un puro objeto que permite sujetar el pie dentro de la zapatilla (aunque su importancia hacia esta responsabilidad es capital), pero a la vez los entiendo como máxima expresión del minimalismo. ¿Cómo se come esto?

No me gustan las florituras accesorias y añadidas a posteriori a las zapatillas. Y, a la vez, concibo los cordones como parte de un todo pensado por un responsable (o responsables) de parir la belleza de una zapatilla y su punctum. Como tal, no soy partidario de modificar yo ese punctum con elementos accesorios.

Se me viene a la cabeza, por ejemplo, lanzamientos como las Diadora N9000 ‘Sol y Sombra’, que vinieron acompañados por unos Khorde. Sin duda, tanto la elección de esta marca de cordones como el color adjunto pegaba a la perfección con el colorway de esta colaboración, pero el conjunto final desmerecía el diseño, ya que rompía la continuidad estética y ponía de manifiesto que el conjunto global no estaba pensado para unos cordones en esas tonalidades.

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Celebro el barroquismo en los cordones, me gustan los patrones, los herretes distintos y la valentía en las texturas. Pero si reman en la misma dirección y tienen una razón de ser.