Las eternas preguntas del reselling

El lanzamiento de la nueva colaboración entre Piet Parra y Nike (en forma de unas Air Max, unas Spiridon y una chaqueta, así como un pack F&F) ha vuelto a reavivar la polémica sobre el modelo de lanzamientos. En realidad, se trata de un debate estéril ya que la situación no variará y seguirá pasando lo mismo. Pero hechos como la iniciativa llevada a cabo por Solebox (que ha obligado a los compradores del par a utilizarlo como condición sine qua non, lo que implica que ya no se puede vender como deadstock), y la consiguiente reacción en redes sociales, ha puesto el acento sobre si es sostenible el modelo actual.

Antes de entrar a debatir sobre el sexo de los ángeles, en primer lugar es necesario aclarar que el concepto de reventa no es ajeno al resto de elementos coleccionables. A partir de la normalización de Internet (motivada de una mayor penetración de los smartphones) y la aparición de un ecosistema de apps que facilitan la compra-venta de útiles en segunda mano, todo aquello que sea susceptible de revenderse mediante un incremento de precio ha visto como éste crecimiento se producía exponencialmente. Bicicletas clásicas, vespas, cámaras analógicas, discos, coches clásicos… Cada vez es más complejo acceder a chollos, da igual de lo que estemos hablando. Existe la creencia de que con lo que atesoramos en casa es posible ganarse un dinero fácil y nadie quiere renunciar a su pequeña parte del pastel. Revender sucede de forma generalizada, las zapatillas no es algo extraordinario.

Lo cual nos lleva a una segunda reflexión, que son las condiciones según las cuales España es un país en el que la compraventa está mucho más polarizada. Por ejemplo, somos una cultura más inmovilista (en lo geográfico), con una cierta tendencia de apego a lo material, a lo tangible. Además, fuera de las grandes ciudades (Madrid, Barcelona, Valencia principalmente) no existe una escena fuerte y desarrollada, unido a que tampoco somos un país punta de lanza en cuanto al streetwear a nivel Europa (aunque contemos con super-tiendas que están haciendo una pedazo de labor). Todo esto implica que hay una menor base para un mercado de segunda mano sano (menos pares, menos historia, menos costumbre).

Si seguimos bajando, encontramos un punto al que arañar. Y se trata del componente moral de cada casa específico. ¿Es lícito -moralmente hablando- vender un par que te acaba de tocar por el doble? Aquí seguramente sería más fácil tener una respuesta. Pero, por ejemplo: ¿es lícito -otra vez en lo moral- intentar hacerte con un par para cambiarlo por otro que quieres, o venderlo por una cantidad elevada para comprar con ese dinero ese par que ansías? Esto es ya más complejo. Y sería lícito, por poner un ejemplo extremo, vender un par por una cantidad elevada que llevas años guardando si tuvieses necesidades económicas extremas? Aquí seguramente nadie

Otro tema a tratar es el concepto de reventa socialmente aprobado y el socialmente denostado. Aquí es muy fácil ejemplificarlo. Si revendes unas Air Max Parra del último drop eres un reseller a odiar, pero si revendes una Cherrywood nadie se escandalizará. Curioso.

¿Qué modelo podemos tomar como positivo o ejemplo? En lo reciente, por ejemplo, modelos como las Air Max Anniversary o las Air Max 97 (o incluso las Yeezy en general, por citar otras marcas) han enseñado un camino más que digno. Un primer lanzamiento en un formato complejo de obtener, incluso con algunas diferencias, y luego sucesivos drops que permiten a todo aquel con cierta suerte y ojo adquirir un par.

Luego está otro punto de vista: ¿es un drama no obtener un par? Tenemos la suerte de vivir en un momento en que hay una sobresaturación de siluetas, versiones y colorways, con lo que podemos afirmar que, prácticamente, hay una opción casi para cada uno. Es curioso, porque si uno se define como coleccionista es de esperar que haya pares difíciles de conseguir y, por tanto, no lograr algún modelo en el lanzamiento no debería ser motivo para rasgarse las vestiduras. Del mismo modo, también produce una cierta saturación las micromodas de nicho, que es cuando un par alcanza hype y sólo se ve ese par de forma omnipresente.

Y dejamos para el final la gran reflexión. ¿Cuál debe ser el rol de las marcas en este asunto? ¿Pares para todos? ¿Cuantías ultralimitadas? La primera solución devalúa el producto, aunque nos cueste admitirlo nadie quiere un par que puede conseguir aquel que quiera y que lo vemos en todas partes hasta producir sobresaturación. Sin embargo, el efecto contrario también es perjudicial. ¿No genera cierto hartazgo semana tras semana perder raffle tras raffle y nunca conseguir un par hypeado?

Luego está, por otra parte, el debate sobre amigos de las marcas/tiendas, influencers y patrocinados y otros personajes que orbitan alrededor. ¿Es ético que una tienda ceda los pares a la venta para sus amigos? ¿Que un deportista se haga con una versión friends & family cuando no tiene un track record de pasión por las zapatillas? Aquí también se encuentran opiniones encontradas, desde el que opina que no, que la compra debería ser abierta y transparente, hasta los que se posicionan en el “monta tú una tienda, consigue la cuenta y pon tu las condiciones”.

A lo largo de este artículo hemos lanzado bastantes preguntas y, contrariamente a lo que dicta la esencia del periodismo, no hemos dado respuesta a casi ninguna. Y es que todas las preguntas que uno se pueda hacer sobre el fenómeno del reselling no tienen respuesta.

Imagen de portada vía Paul Labonté.

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