¿Tienen dueño los colores?

¿Tienen dueño los colores? Seguramente no. Pero si pensamos que Yves Klein se ha adueño de una tonalidad de azul para siempre, la respuesta quizás cambie. Y, seamos sinceros, nadie ha dignificado tanto el negro como Chanel (bueno, y el blanco, el beige, el oro y el rojo).

Por eso, cuando veo el enésimo modelo que este verano y los meses anteriores ha tirado del black-on-black o del white-on-white pienso… debemos parar esta locura. Pero luego, un instante después, surge en mi conciencia la pregunta con la que se abre esta entrada.

Obviamente los colores no tienen amo y señor. De lo contrario, los diseñadores tendrían que exprimir hasta la última gota del catálogo Pantone. Y es que creo firmemente que no es el color, es el uso y la sensibilidad en su aplicación.

En primer lugar, la tierra es para quien la trabaja. Es decir, si el uso de un color en una zapatilla consigue cautivar el imaginario colectivo y, de esa forma, apropiarse de dicho tono de forma popular… Pues olé por esa marca.

Por ejemplo, y aunque sea ajeno al mundo de las zapatillas, el celeste Bianchi. Su uso de este color se remonta a décadas atrás. Curiosamente, en 1984 la marca realizó una encuesta a más de 50.000 personas como estudio previo de cara a un cambio de color corporativo. Los resultados fueron apabullantes y la misma mayoría que consideraba el Bianchi como feo, también quería que –pese a esto– se mantuviese. En este caso el color es la materialización de toda una historia de triunfos y vida dedicada al ciclismo. De ahí que esa marca se apropiase de dicho color.

¿Significa esto barra libre? Allá cada uno. La memoria es frágil en el mundo sneaker, seguramente propiciado por la cantidad de lanzamientos distintos que tiene lugar cada semana. Se antoja difícil echar el freno unos minutos y pararse a reflexionar cuando estamos envueltos en una vorágine de consumismo cultural. Es normal perder el contexto.

Cada marca tiene derecho (dentro de unos límites marcados por el plagio, el respeto…) a un uso libre de color y materiales. Exactamente el mismo que los consumidores a reclamar un mínimo de dignidad para la escena.

Lo siento por ti y por tu espalda si te ha tocado hacer noche esperando por unas Asics Gel Lyte V Mint. Pero el amigo Ronnie Fieg debería haberte dicho que utilizar una silueta que está de moda y un color que pertenece a una gama de tonalidad que, indudablemente, también está en boga (por ejemplo, el Emerald fue color del año Pantone en 2013) no es para perder la cabeza. Es, más bien, para colocarla sobre nuestros hombros y decirnos a nosotros mismos: ¿qué está pasando?

Me preguntaba si los colores tienen dueño y empiezo a creer que sí. Pero ese dueño no es una persona física, es la cultura popular. El dueño de un color es aquel que decide bautizar unas Jordan como ‘Oreo’ por su uso del negro y blanco. El que nombra unas Nike SB Dunk como ‘Tiffany’s’ por la utilización de ese azul tan característico. El que unas Jordan I sean las BRed por el negro y rojo (black and red). Sin embargo, me bajo de un carro en el que unas Asics son nombradas oficialmente como ‘Brazil’ porque su colorway fusila la bandera del país carioca. Los colores tienen dueño, pero no se compran desde un despacho o desde una actualización de Instagram.