¿Puede un famoso ser sneakerhead?

Esta semana descubríamos una de esas noticias que sólo son noticias en las redes sociales y en los medios que, por alguna razón, les damos bola. Kylie Jenner subía a sus redes sociales una foto calzando las Nike SB Dunk MF Doom.

Sneakertwitter hizo su magia, llenándose de mensajes polarizados, debatiéndose entre aquellos que critican a la joven del clan Jenner-Kardashian por apropiarse de un modelo que, según ellos, no está legitimada para vestir y los que la defienden por su acertada elección estilística. La rueda siguió girando e incluso Complex publicó una entrada explicando el origen del par. Periodismo en su máxima expresión (nótese la ironía).

La idea que azota al coleccionista pureta se basa en el hecho de que las Dunk, y en concreto los modelos lanzados bajo Nike SB, están volviendo a gozar de popularidad (o hype), después de sus años dorados en la década de los dosmil (con especial mención a todo lo que se lanzó entre 2002 y 2007, encuadrado en las etapas Orange Box, Silver Box, Pink Box y Black Box).

La reflexión va mucho más allá, pues por una parte el resurgir de las SB Dunk representa, por una parte, la nostalgia por una época para algunos o muchos posiblemente más bonita de vivir como consumidor, en la que era más sencillo hacerte con determinados pares y no todo se basaba en un círculo vicioso conformado por social media-influencers-bots-resellers.

Por otra parte, está el debate cultural habitual asociado a estos asuntos, sobre la apropiación y el disfrute de un bien textil con una cierta profundidad detrás, pero sin acabar de ser consciente del mismo. ¿Puedes usar zapatillas de skate si no patinas? ¿Puedes calzar un modelo conmemorativo de De La Soul si no eres fan del grupo?

Todo esto es un debate que puede tener cierto sentido desde el punto de vista del que es muy fan o ha dedicado mucho tiempo a empaparse de una materia y ve como su pasión, antes quizás de nicho, se convierte en una tendencia popularizada. Y su experiencia de uso se ve afectada por esto.

Pero dicho debate deja de tener vigencia o sentido desde el momento en que ponemos el acento en un determinado asunto: estamos hablando de zapatillas. Sneakers. Un elemento de producción masiva (da igual que en sean cientos de miles de pares que 5.000), con una utilidad determinada (sea rendimiento o moda, están pensadas para ponerse en los pies y posarnos sobre ellas), y cuya vigencia en el tiempo es limitada. Todo par llega un momento en que caduca, en que sus materiales ceden y se marchitan y en el que o se conservan con extremo celo, perdiendo su función expositiva, o desaparecen.

El significado que cada uno quiera otorgarle a un par llega un punto en que es un asunto individual. Máxime en un momento en que las notas de prensa se afanan y esfuerzan por forzar el storytelling de cada colaboración hasta el extremo (en este sentido una de las personas que mejor ojo analítico y conocimiento tiene para esto es sz9), haciendo que la narrativa general de este mundillo pierda el sentido.

Lo cual nos lleva a la reflexión que abre este artículo en forma de pregunta en su titular. ¿Quién decida la legitimidad para calzar un par? ¿Quién reparte los carnets de sneakerhead? Una buena colección, entendida en los términos actuales de poseer modelos con popularidad o valor, sólo se consigue con dinero y/o con contactos. Y eso ha sido así siempre. Ahora las reglas han cambiado y se han abierto nuevas vías para que jugadores que hasta ahora no era tan común ver en el tablero (pero que estaban) copen cada vez más presencia.

Muchos nombres hoy legitimados dentro de la escena simplemente fueron famosos con dinero al empezar a coleccionar. Y, como curiosidad, la persona que, quizás, es uno de los mayores responsables del hype en el 2019-2020 alrededor de la línea SB es Travis Scott, que tenía diez años cuando surgió esta línea, con lo que podemos estar seguro que su relación con las SB Dunk fue tardía y descontextualizada. La diferencia es que un rapero que compra sus pares con dinero o contactos tiene el beneficio de la duda y el endorso social. Mientras que si es una persona de fuera de la escena, no.

La única pregunta que queda por responder al respecto sería: ¿qué opina MF DOOM de todo lo que ha pasado?

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