Me da igual lo que hagas con tus zapatillas

Creíamos que nos sabíamos al dedillo el ciclo de vida de los lanzamientos hypeados. Un rumor, imágenes, luego un teaser que confirma un rumor, informaciones oficiales, informaciones sobre el release, crónicas desde la cola… Ahora se ha añadido un nuevo punto: destrozar las zapatillas haciendo algo (por ejemplo, patinando con ellas). Lo vimos con las Yeezy, lo hemos visto con unos mocasines Gucci y ahora con las Air Jordan V Supreme, por poner algunos ejemplos recientes.

Para mí, este tipo de contenidos no son más que puro clickbait. Es decir, actualizaciones pobres pensadas para que hagamos click y con ello generar dinero a las webs que los alojan. Además, siempre van acompañados de titulares amarillistas (“lo que han hecho a estas zapatillas hará llorar a todos los sneakerheads“). Y siempre clickamos. Y sabiendo que se trata de eso -un truco, un ardid- no debería estar hablando de ello.

Pero lo hacemos. Porque no se trata sólo de un pibe destrozando unas zapas. Se trata de la relación que tenemos con las cosas que nos importan y de nuestro consumo (cultural, o no). En este caso, consumo de sneakers. Y no nos referimos sólo a comprarlas-usarlas-olvidarlas.

Y es que vivimos en la era post-Internet. Internet es algo ya tan implantado (independientemente de situaciones socio, eco y demográficas: es decir, de que haya gente que todavía no tenga Internet porque todavía -lamentablemente- no tiene unas condiciones de vida dignas) que no podemos hablar de ese concepto como la herramienta que era. Antes la net era algo a lo que accedías después del colegio o el trabajo, gracias al que hablabas con colegas -reales o virtuales- y mediante lo que podías llegar a información (de cualquier tipo). Ahora, Internet es una constante. Está en todo lo que hacemos. Es como la electricidad. No podemos hablar ya de la época de la electricidad, porque sin ella no existiría el mundo como lo conocemos. Idem para Internet.

Y en esta era post-Internet, el consumo cultural es otro. Estamos tan sobreempachados de inputs que ya ni masticamos, engullimos. Ya no se trata de conocer algo; se trata de conocer algo el primero. ¿Y cómo se traduce esto en la escena sneaker? De mucha maneras: postear primero la info, ser el primero en subir una foto a Instagram, ser el único que las luce en un evento…

El trasfondo de todo esto es que ya no disfrutamos ningún lanzamiento. Ninguna colaboración, ninguna novedad. No podemos disfrutarlo porque lo que hoy está hot, mañana está pocho.

Y por eso me da igual que alguien patine con unas Yeezy 350 o unas Jordan x Supreme. Que las destroce no signifique que alguien esté dejando de disfrutarlas, porque nadie iba a disfrutarlas. Y es que antes de eso está el reseller y el bot, que tampoco no dejan disfrutar de las zapatillas que nos gustan porque están demasiado ocupados creando una espiral de reventa y plusvalía ficticia, alimentada por el hype y el buzz en redes sociales. Y, sinceramente, antes de todo eso, estamos nosotros mismos.

Y es que nosotros somos nuestro propio peor enemigo. Que haya ¿demasiados? lanzamientos no puede ser algo malo, todo lo contrario. El problema es que nunca nos parecen suficientes. Ni el número, ni la calidad, ni el concepto.

¿Cuál es la solución? Quizás ninguna; que todo esto explote y recomponerlo con los cachos que queden. O simplemente volver a ver esto con los ojos de un niño. Me acuerdo de la ilusión que sentía cuando era un niño y me compraban un par de zapatillas. Todavía lo siento. Pero antes lo sentía y me duraba mucho. Ahora lo siento y ya estoy pensando en las siguientes.

Seguramente seamos unos enfermos. Es como aquella película que no recuerdo en la que el protagonista se drogaba, en una simple y suicida búsqueda de las sensaciones de la primera vez. Y es que no buscamos nuevas zapatillas, buscamos viejas sensaciones.

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