Las New Balance 574 son riquiñas

Seamos claros: me aburren las New Balance 574. Pero tengo un par. ¿Por qué? Supongo que porque los personas de verdad, con verdaderos problemas, tenemos que hacer lo que tenemos que hacer. No lo que queremos o nos gustaría. A mí me gustaría comer todos los días pizza. Pero a veces me toca merluza cocida. Qué se le va a hacer…

Por tirar de analogías, las New Balance 1500 son como una mujer florero. Vas a conseguir que la gente se gire por la calle a tu paso. Las New Balance 998, para este autor, son como la mujer ideal. Se la presentarías a tu familia, amigos, compañeros de trabajo… con cuidado de que no te las pisen, eso sí. Es guapa e inteligente e incluso te imaginas, ya anciano, junto a ella, después de haber vivido una vida plena.

Las New Balance 574, como diríamos en mi tierra ‘riquiñas’. Como zapatilla técnica no tiene nada del otro mundo. No son excesivamente cómodas. Su silueta no llama excesivamente la atención e incluso el toe box es hasta poco agraciado. Dicho todo esto, el precio podríamos calificarlo como elevado, especialmente en España.

Por si esto no fuese poco para que los sneakerheads decidiesen quemar en la hoguera pares y pares de New Balance 574 y a sus poseedores, tenemos que añadir otro elemento a la ecuación. Es, quizás, una de las zapatillas más prostituidas en la actualidad. Da igual estilo, contexto, día, noche, edad… vemos este modelo hasta en la sopa. Es curioso decir esto, porque las 574 y yo compartimos edad, pero es indudable: están de moda. Si por cada vez que veo un ejemplar de estas zapatillas por la calle me diesen un euro…

Sin embargo, y pese a todo esto, me veo en la obligación de defender las New Balance 574. En primer lugar por poseedor de un par, como ya he explicado, que me saca habitualmente de problemas. Y también por ser defensor de pleitos pobres, para qué negarlo…

En primer lugar, me gusta la aceptación popular de las New Balance 574. Pongámonos en situación. Es viernes y en tu empresa se practica el casual friday. Que es una especie de vórtice de maldad en la cual la gente invoca el diablo a través de combinaciones de ropa absurdas: sudadera con pantalones de pinza, directores en chancletas… Pues eso, que te levantas un día animado y quieres ir en zapatillas. Me gustaría ver la cara de tu jefe si apareces con unas Jordan o unas Air Max. Pero eh, prueba con unas 574. El punto justo de desenfreno. Unas zapatillas amigables porque todo el mundo las conoce, y lo que conocemos nos da confianza.

Combinaciones de colores. Si aburre ver tantas 574, imagínate si sólo hubiese un par de colorways. Afortunadamente, tenemos unos cuantos. Tantos que en Complex han podido hacer (a que no lo adivináis), sí, un top. Algunos más afortunados, otros menos… pero lo que está claro es que han puesto difícil encontrar alguno que no te guste.

También debemos destacar la versatilidad de este modelo. No es que te los calces y te vayan a hacer la ola por la calle, pero oye, lo mismo valen para un roto que para un descosido. Las ha visto con pantalones cortos, con chinos, con skinny jeans, se las he visto a mujeres, a hombres… y me pueden dejar frío en muchos contextos, pero nunca me chirrían. Son el ‘quedabien’ de las zapatillas. Es posible que no vayas a hacer cola durante 10 horas para conseguir un par, pero tampoco te molestarán. ¿No te parece para tanto este argumento? Con unas características muy similares hace poco podías llegar a presidente del Gobierno.

Ser riquiño significa que no eres el más guapo de tus amigos, el más listo de tu oficina, el mejor vestido de la discoteca o el más carismático de la reunión de antiguos alumnos. Nadie piensa en ti cuando están aburridos, pero, amigo, ¿sabes qué? Siempre te acaban llamando, siempre acabas salvando la velada y en ningún lugar desentonas. Va a ser que no está tan mal…