La crossoverización en el mundo de las zapatillas

Que las barreras que delimita los géneros y estilos en el mundo de la moda se han emborronado no cogerá a nadie por sorpresa. El chándal es ahora pieza de alta costura; los chándal se combinan con soltura con zapatos y los zapatos ya no son –para algunos- pieza delimitada a ámbitos formales. Dentro del mundo de las zapatillas, además de correr hacia delante el avance va más hacia atrás (recuperando retros y retros) y, muchas veces, en dirección horizontal. Algunos de los lanzamientos más sonados pasan a ser crossovers entre dos modelos o dos segmentos, hibridación de tecnologías con siluetas antiguas o simplemente cruce de caminos.

Con esto en mente, recibimos algunos de las últimas novedades y lanzamientos por las principales marcas, tanto de zapatillas como de streetwear, con el espíritu analítico bien afilado. El primero de ellos viene firmado por Palace Skateboards, que se atreve con unos penny loafers en varios colorways (desde borgoña, hasta un azul pasando por un verde o grises).

Esta clase de mocasín, conocida popularmente en España como ‘castellanos’ por mimetización del nombre de una de las marcas célebres autora de esta silueta, es en nuestro país una de las opciones preferentes a la hora de calzar un traje. Y es que somos una nación propia a la hora de respetar la etiqueta y el protocolo, ya que optamos por imitar lo que hace el de al lado antes que hacer las cosas correctamente. Así se explica que el castellano sea el zapato más extendido por las oficinas, cuando su uso nunca debería ser formal (ni se debería ver el calcetín).

Así, no es de extrañar que este mocasín sea la baza favorita de un yuppi, un consultor o, ahora, un skater o un hipster. La propia Palace define sus penny loafers como ‘gangsters’. Y es cierto que pocas cosas puede haber más mafiosas que el típico jefe medio de una empresa, pero no creo que los amigos de Palace vayan por ahí. El zapato favorito de nuestros padres, ahora es el nuestro también.

Y es que llegamos a un momento de tal evolución que parece que no tenemos más camino hacia delante. Las marcas hacedoras de zapatillas parece que sólo disponen de dos caminos por los que optar: o un futurismo anclado casi en el feísmo y en formas avant-garde de representación estética, o coger viejos conceptos y reinventarlos o, simplemente, recuperarlos.

Así, por ejemplo, el modelo más notorio de 2015, las Adidas Yeezy Boost 350, es una zapatilla que rebajando su concepto a lo esencial parte del minimalismo. Sin apenas aspavientos, sin casi derroches de excelencia, se convierte en un producto situado en el año en que nos encontramos y que más allá del hype ha sabido gustar. Cosa que su hermana mayor, la sileuta botín, no ha sabido lograr.

Quizás por eso marcas como Palace traen en su colección otoño invierno 2015 propuestas como unos castellanos. O el mismo motivo por el que el término de moda hace unos meses fue ‘normcore’. Dar dos pasos hacia delante y uno, a veces muy grande, hacia atrás. Esa es la forma en que algunas marcas están escogiendo para seguir avanzando.

Otros, como Ronnie Fieg, hacen uso de otros derrotes. En este caso el del maximalismo menos elegante. Presenta su colección cápsula junto a Sebago y, para ello, también coge una silueta de tipo mocasín –en este caso zapato náutico- y le planta suede, colorways de intensa inspiración y una construcción en forma de fleco que lleva la elegancia al lado del ortopedismo.

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Lo que demuestran estos dos lanzamientos es el momento en el que estamos. Una época en la que una de las tácticas para seguir engordando un calendario de novedades cada vez más exigente, y un apetito comercial de una nueva generación de compradores hiperactivos, es el crossoverismo. Cruzar barreras de un lado hacia otro y viceversa para intentar, a base de tocar muchas teclas, que alguna devuelva una melodía bailable.

Aunque algunos dirán que para gustos colores, lo cierto es que si se juega a un juego, habrá que hacerlo respetando unas normas. Libertad absoluta y que la rueda siga girando, pero un mocasín no es para llevar con traje y mucho menos es gangster. Y señor Ronnie Fieg, eso que has hecho no es un gangster, pero es casi delito.