Stone Island

El estatus de Stone Island

¿Qué tiene una marca textil para enamorar por igual a chavs, hooligans, amantes del hype, de la moda, de la ropa técnica y dar lugar a una cultura propia? Dos palabras, Stone Island, para bautizar a la marca italiana (originaria de Ravarino, Modena) nacida en 1982. Sus inicios se entrelazan y confunden en una historia en la que se mezclan nombres propios y grupos y movimientos empresariales. Por eso empecemos hablando antes del qué y el cómo, y ya trataremos el cuándo y dónde.

Stone Island es la última marca fetiche de los amantes de la moda urbana. ¿Las razones? Sin intentar dirimir la polémica de si fue antes el huevo o la gallina, podemos citar la omnipresencia en el Instagram de nombres como Travis Scott o Drake, colaboraciones con Supreme en 2014 y con Nike (a través de su estudio NikeLab) para 2016.

En realidad, estos hechos no son más que la consecuencia. Stone Island es una marca que ofrece un producto altamente técnico pero con una particularidad. Combina una búsqueda innovadora de nuevos materiales con un gusto exquisito en el plano del diseño y todo ello rodeado de un aura icónica que ha dado lugar a una subcultura. Es decir, un mix entre la mayor funcionalidad con unos métodos de producción únicos y propios y un diseño avant-garde que hace que no podamos decidir si es ropa eficiente muy cool o ropa cool muy eficiente.

Stone Island

Para entender Stone Island hay que conocer dos (en realidad tres) nombres propios y un proyecto anterior. Empecemos por este último. En 1974 surge C.P. Company (por aquel entonces, ‘Chester Perry’, ya que tuvo que cambiar su denominación por temas legales), un proyecto liderado por Massimo Osti que abanderaba la dualidad funcionalidad y uso. Massimo Osti nunca se consideró un diseñador, si no más bien le podríamos definir como un ingeniero textil o, simplemente, una especie de visionario. Con este bagaje, en 1982 surge Stone Island como una especie de subsidiaria o línea secundaria de C.P. Company, basada en el tratamiento de materiales y en técnicas de teñido.

Osti se inspira en el concepto de las lonas de tela de los camiones para la búsqueda de un nuevo material. Tratado con resina por ambas caras, como el primer prototipo era demasiado rígido, lo lavó en agua con piedras pómez para “romperlo”. El resultado final fue el de una prenda con un aspecto usado pero, a la vez, de sorprendente belleza estética. Fruto de ese descubrimiento se producen con ese material un total de siete chaquetas y se bautizan, debido a su material, como Tela Stella y a la marca como Stone Island. El éxito a nivel de mercado fue inmediato. Ya en esa primera micro-colección encontramos uno de los rasgos característicos de la firma: la placa (badge) identificativa situada en una de las mangas, que incluye el logo formado por la cruz de la rosa de los vientos.

Stone Island

Habíamos hablado antes de lo que Massimo Osti no se consideraba. Hombre de negocios tampoco estaba en esa lista. Por eso, un año después, decide centrarse enteramente en la dirección de arte, es decir, el componente más creativo aunque en su caso implicase un alto nivel de estudio técnico e innovación (ya que nunca ha renunciado a la búsqueda de nuevos materiales). Es ahí donde entra en escena otro nombre propio (y, hoy en día, la cara visible de la compañía): Carlo Rivetti. Tanto C.P. Company como Stone Island pasan a formar parte del entramado de GFT (Gruppo Finanziario Tessile), un grupo distribuidor especializado en marcas de moda de corte más clásico o formales. Rivetti era accionista de GFT y tenía muy claro que el futuro a nivel de negocio debía ir por una orientación hacia el mundo del lifestyle, sportswear y derivados. Bajo ese paraguas, C.P. Company y Stone Island siguen creciendo y, una década más tarde (en torno a 1993), GFT decide desprenderse de sus activos menos clásicos y Carlo Rivetti, junto con su hermana, adquiere la totalidad de estas firmas y funda Sportswear Company S.p.A., la firma que se encargará de la gestión de estas enseñas de ahí en adelante.

Stone Island
Caro Rivetti. Imagen vía Umbrella magazine

Hay tres eras claras en Stone Island. La primera, liderada por el ya mencionada Massimo Osti. Esta llega a su fin alrededor de 1994. Aunque el propio Rivetti haya declarado abiertamente su respeto por Osti y su condición de visionario y genio, también ha dejado entrever que la relación entre ambos no siempre fue la mejor del mundo y que, en ocasiones, se produjeron divergencias. La segunda etapa arranca con Paul Harvey, de nacionalidad inglesa, afincado en Italia y trabajando para una firma de moda alemana. Rivetti se topó de casualidad con esta marca en Munich y vio representado el futuro de Stone Island y sería liderada bajo la batuta de Harvey en el plano artístico durante doce años. A mediados del 2000, éste dejó la casa por querer dedicarse a proyectos con supusiesen un auténtico cambio para el mundo en general y ahora nos encontramos en una tercera fase en la que la creación queda en manos de un grupo multidisciplinar dirigido por Rivetti, que se ha ganado el derecho de ser la cara visible de Stone Island tras tres décadas al frente de la misma y conduciéndola con éxito y paciencia hacia lo que es hoy en día.

Alguno se preguntará: ¿qué es hoy en día Stone Island? Una marca tremendamente icónica, título que se ha ganado a pulso. Empezando por el proceso de fabricación. Pocos actores textiles con una imagen tan lograda miman tanto la manufactura. Un viaje a los centros de fabricación de Stone Island es hacerlo a un agujero negro de preciosismo, perfeccionismo e innovación. De todo el proceso, sin embargo, destaca todo lo relacionado con el color, uno de los valores diferenciales de Stone Island. Esta fase no se externaliza en ningún momento y es una responsabilidad que cae in-house. Rodeados por cientos de pipetas en los que brotan las tonalidades de cada colección, Stone Island lleva a cabo la creación de colores y un cuidado casi obsesivo del teñido (mediante la técnica del dyeing) en función del tipo de tela. Es posible detectar una pieza Stone Island simplemente si reconocemos el color, porque nadie en la actualidad dispone de esos tonos. Según la marca, almacenan 60.000 recipientes de teñido, lo que supone 60.000 tonalidades.

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Además de esto, nos encontramos con la elección y fabricación de materiales. Desde Stone Island defienden que el empleo de materias primas, en su caso, se caracteriza como único. Tanto la búsqueda de inéditas elecciones como la evolución de algunas ya existentes, Stone Island defiende siempre la máxima ambición en este campo. Los ejemplos que podríamos citar aquí son infinitos: desde Kevlar hasta 3M, poliuretanos, PVC, tejidos que cambian su apariencia en función de la temperatura, impermeables… Otra de las curiosidades es la aplicación de soluciones heredadas de otros campos como el aeronáutico, por ejemplo. El definitiva, quien adquiere una pieza Stone Island es posible que está desembolsando una cantidad económica elevada (como se ha criticado en ocasiones a la marca por un posible sobreprecio), pero sabe que está apostando por un elemento incontestable desde el punto de vista técnico.

El tercer elemento diferencial es la aesthetic que rodea el imaginario creado por la enseña. Stone Island no se ha conformado nunca con ser una buena marca, ha querido ser una marca futurista. Es por ello que todas sus colecciones tienen siempre una patina de alta costura. Son el reflejo del espíritu de quien quiere que la moda avance y no se estanque. La disposición de elementos, el corte de las piezas, la combinación de funcionalidad que acaban suponiendo un valor diferencial en el plano de la imagen, el acertado y casi omnipresente gusto estético en el resultado final… Todo ello no se limita tan sólo a la propia confección en sí, ya que tanto la puesta en escena como las editoriales de moda relacionadas, así como los lookbooks y derivados han estado siempre realizados bajo el prisma de la exquisitez y buscando la diferenciación, con una clara inspiración japonesa. Podremos citar otras marcas que, desde el campo del rendimiento y la técnica saltaron al de la moda convencional y de ahí al segmento de la streetwear (como, por ejemplo The North Face), pero ninguna lo ha hecho con tanta sensibilidad, innovación y acierto.

Stone Island
Supreme x Stone Island. Imagen vía Four Pins.

Además de todo ello, el cuidado por los detalles que se imprime desde su nacimiento, es una constante en todo lo que rodea a la marca. Así lo demuestra, por ejemplo, los art numbers (una especie de número de serie) que sirven para identificar cada pieza de cada colección de Stone Island y, a la vez, son una herramienta muy útil para detectar falsificaciones. Estos códigos hacen referencia desde la marca concreta (por ejemplo C.P. Company, Stone Island, Stone Island Denim…), hasta la colección, temporada, tipo de elemento, etc.. En algún caso determinado, el art number se ha utilizado como un elemento más decorativo del diseño global de una pieza.

Pero, más allá de las características tangibles, si podemos citar a Stones Island como de culto es por un cierto imaginario que le rodea. En Europa, por ejemplo, goza de una reputación muy particular. Pocos son capaces de adivinar su ascendencia italiana si no conocen más sobre su historia, ya que es en Gran Bretaña donde goza de una mayor fama y notoriedad, pero no necesariamente positiva. ¿Por qué? Porque en este país ha estado y está muy identificada a la escena casual, relacionada con grupos como los supporters de equipos de fútbol (y toda la negatividad asociada al fenómeno hooligans) y a tribus urbanas (¿o podríamos definirlo como grupo social?) como los chavs. No termina aquí, pues la chaqueta conocida como ‘The goggle’ de C.P. Company, fue todo un mito entre estos colectivos. Algunos afirman que las gafas de su capucha (que permitían cubrir el rostro y mantener la visibilidad), la convirtieron en la opción idónea para realizar determinadas actividades no demasiado legales. En definitiva, la relación de Stone Island/C.P. Company con estos grupos se basa, como afirma G.K. Albert, autor de ‘White City’, en que el parche del brazo era un símbolo de honor y una forma de comunicación entre iguales, que indicaba a aquellos que “sabían lo que había”.

Stone Island
Stone Island en la película ‘Green Street Hooligans’

Stone Island no es una marca sencilla a la que aproximarse si lo que uno quiere es adentrarse en toda su intrahistoria y conocer todas sus referencias. Dentro de su catálogo cuenta con varios chapters, así como colaboraciones y colecciones especiales. Muchas de ellas se identifican con la placa de la manga distintivas. Por ejemplo Marina hace referencia a la línea que incluye productos de corte más relajado y sport y no disponen de badge. Stone Island Ghost son todas aquellas piezas monocromáticas, basándose en el concepto del camuflaje, y la placa es del mismo color que el resto. Las piezas que incorporan una badge en color blanco son aquellas que se consideran únicas por el material o tratamiento. Y las que incluyen este elemento con un estilo que simular el dibujado a mano, hacen referencia a las prendas que han sido teñidas manualmente.

Stone Island
Imagen vía aphrodite1994

Sin embargo, esto no ha sido óbice para el salto de Stone Island de marca de culto per se a marca de culto para los amantes de la exclusividad y la moda urbana. La colaboración con Supreme acabó por desatar este estatus, ya que colocó a Stone Island en el radar de todos los hypebeast a nivel mundial. Ahora mismo, lucir Stone Island significa exclamar al mundo una cierta posición (ya que la marca no es lo que definiríamos como económica) y una sensibilidad especial para saber apreciar ese mix de técnica, estética e innovación. Es decir, ser consciente de cual es el estatus de Stone Island.

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