Apuntes sobre los ‘casual sneakerheads’

Decir que las zapatillas están de moda es una obviedad tan necia como que siempre han estado de moda. Yo, que soy un infeliz por naturaleza, he encontrado en estrenar calzado el pequeño desahogo a mi calvario diario. Creo que amo las zapatillas porque nunca me he aburrido de ellas. Entro en una tienda de zapatillas y me sublimo, me completo.

Es por ello que miro con el ceño arqueado como un niño al que me diga que, ahora, las zapatillas están de moda. Es como decir que el sexo está de moda porque se escriban libros y se estrenen películas sobre un fulano que se tira a 50 pibas. Pues no. Eso siempre ha estado ahí y ahora se dan las circunstancias necesarias para que podamos ir a trabajar en zapatillas o decir ‘qué caliente voy’ sin que nos miren raro.

A todo nos gusta que nuestro amor sea exclusivo. ‘Se mira pero no se toca’. El amor por las zapatillas debe ser, en mi caso concreto, un amor raro. Porque si bien en mi casa me gusta que seamos dos, en las fiestas me gusta que seamos 200. Y empiezo a creer que, como aquello que dijo Rosa, esto es una celebración, no es una relación. Y por esto pienso que no está del todo mal que haya flirteos ocasionales, canitas al aire, en el mundo de las zapatillas.

  1. Cuantos más seamos, mejor para todos. No olvidemos que esto es una industria. (Se supone) que cuanto más se democraticen las zapatillas, mayor volumen, lo cual implicaría –en un simplismo absoluto- menor precio. Aunque no tiene porque ser así.
  1. Las ediciones limitadas seguirán siendo eso, limitadas. Que nos cueste dios y ayuda y muchos euros hacernos con la colaboración entre la marca X y la tienda Y o el ‘diseñador’ Z no va a cambiar porque de repente las zapas molen. Tranquilo, podrás seguir siendo exclusivo.
  1. Mayor exposición de las zapatillas = mayor apertura de mente. Soy fiel defensor del protocolo o de no combinar según qué prendas de vestir entresi. España necesita cierta normalización en cuanto al mundo de las zapatillas y salir de una zona de confort en las que el calzado deportivo sólo se relaciona con el chándal y el paseo de los domingos.
  1. ¿A quién hacen daño?Has tenido una década para comprar las Adidas Stan Smith o las Superstar sin necesidad de pagar una riñonada. Si no lo has hecho ya, no culpes a las bloggers. ¿Te da rabia que tu primo pequeño y tu madre lleven las Roshe? Llévalas tú con más estilo.
  1. Es bueno para todos. Una industria de la zapatilla potente es positivo para todos. Para marcas, tiendas, medios, bloggers, consumidores… Un círculo que se retroalimenta y que puede expandirse gracias a la entrada en escena de esos consumidores casualsde zapatillas.