Air Max sí, Air Max no

¿Qué sentido tiene hacerse ahora, en 2015, esta pregunta? Seguramente ninguno y posiblemente todo el del mundo. Y es que no hay zapatilla que represente de mejor manera la quintaesencia de lo que es el concepto ‘sneaker’ (o coleccionismo o como quiera ser llamado). Estética, adscrita a la corriente conocida como ‘retrorunning’, el icono por excelencia, con infinitas versiones, con colaboraciones míticas en su haber, firmada por el mismísimo Tinker…

¿Cómo es posible que alguien en su sano juicio discuta que estamos, para muchos, ante la zapatilla? Y sin embargo los hay. Una sobreexposición en forma de infinitas versiones (para calmar el hambre de un público ansioso) o la universalidad de este modelo son alguna de las causas. Lo mucho cansa.

Y es que en algún momento determinado tuvimos que matar al padre en una especie de acto freudiano. Aceptar que había vida más allá de las Air Max 1. Pero a él le debemos la vida. Y no hay nada más triste que olvidarnos de quien nos hizo ser como somos. He aquí pues, este necesario homenaje.

En una época de Huaraches y Presto, podríamos decir que no es país para viejos. Y sin embargo las Air Max 1 u 87 siguen siendo un peso pesado a tener en cuenta. Soy el primero que está un poco saturado de este modelo y que ya no siente ese cosquilleo en el estómago cuando sale un colorway cañón. Pero soy capaz de darle al César lo que es del César.

En primer lugar la silueta. El punto justo entre minimalismo y espíritu barroco. Aunque la forma actual de la puntera no convenza a puristas, el conjunto global sigue siendo delicioso. Esa cámara de aire visible. Esa mediasuela. La caída del empeine o el corte del talón. Su diseño más que avant-garde es atemporal, porque han pasado décadas y no ha perdido frescura.

Las posibilidades. Con las Air Max 1 son casi infinitas. Tiene tantos elementos diferenciales que permiten jugar con cada uno de ellos de forma independiente, o todo a la vez. Colorblock, all-white, all-black, all-everything… Todo lo que se nos ocurra, se puede plasmar en las Air Max.

El público objetivo. Sin llegar a ser como la pandemia Roshe, las Air Max cuentan con un heterogéneo target. Podríamos tirar de tópicos: el yupi, el coleccionista, el macarrilla, el padre, el hijo… Quizás fue, precisamente, esa democratización de este modelo el que llevó a la sobreexposición. No había pies sin Air Max.

Intentar dar motivos es, casi por inercia, inútil. Inútil porque hablamos del mito, de la zapatilla que lo inició todo. Sin ellas no habría 89, 90, 93, 95, 97… Pero tampoco toda una sucesión de modelos de running que tuvieron su explosión en la década de los 90. Incluso su hiperexposición en los últimos años ha tenido su parte de culpa en el hecho de que hoy las zapatillas no sean una cosa de cuatro locos y que esté, objetivamente, de moda. Educando el ojo neófito con la sobreexposición a esa silueta que Hatfield dibujó en los 80, se ha ido haciendo camino.

Es por todo ello, que si alguna vez alguien se hace la pregunta que encabeza este post, yo diría: Air Max sí.