Más caras, menos cariño

Escoja un lanzamiento reciente. Cualquiera. Seguro que en una amplia mayoría de los casos ha tenido la misma sensación. La de estar pagando demasiado (o más que hace unos años) por unas zapatillas. ¿Nos equivocamos?

En apenas cinco años, se pueden llegar a apreciar incrementos de hasta el 20% en determinados modelos. Unas cifras que no se corresponden con la evolución del IPC ni, además, suele venir motivada por una mayor presencia de calidades, innovaciones tecnológica ni extras.

En el mercado sneaker siempre ha habido una serie de horquillas de precios que actuaban como drivers psicológicos. Es decir, límites a partir de los cuales una zapatilla nos parecía cara. Lo cual funciona al contrario, siendo también ese precio por debajo del cual creemos que estamos ante una ganga.

Esta cifra puede variar en función de múltiples aspectos: el modelo del que estemos hablando (psicológicamente tenemos ya interiorizado que, por ejemplo, unas zapatillas de baloncesto serán más caras que unas de lifestyle), si se trata de colaboración o no, ediciones limitadas, la propia marca…

Y son precisamente algunos de esos factores los que han hecho, en los últimos años, que se produjese un incremento generalizado del precio de los pares. En especial, una dupla conformado por el incremento generalizado de las colaboraciones y el fenómeno de reselling consecuentemente aparejado. Un combo que se ha propiciado por el desarrollo de una escena que se mueve alimentada por la moda.

Del mismo modo que pasó en la década de los 2000 en España con el ladrillo, las zapatillas están viviendo su especie de burbuja particular. Pongamos el ejemplo de cualquier general release (que el lector se imagine el que precie) de un modelo cotizado y hypeado. A un número hiperreducido de tiendas llega un número todavía menor de unidades. Nada más colgarse el cartel de ‘vendido’, muchas de esos pares están ya en los espacios habituales de compra-venta con un sobreprecio que puede ir desde el 50% del PVP hasta… vaya usted a saber.

En este contexto, es hasta entendible que las marcas apuesten por subir el precio de sus productos porque, al fin y al cabo, el concepto de oferta y demanda es que el que rige nuestro mercado. Pero más allá de esto, sí que es cierto que en los últimos años estamos experimentando también un descenso de los extras en las zapatillas. Falta de complementos, un solo par de cordones, ausencia total de detalles… En definitiva: pagamos más, recibimos menos.